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Desigual aclara su polémica campaña que ironiza con la gentrificación de Barcelona

Una marca de moda catalana ha sido la protagonista de una tormenta digital sin precedentes. Lanzó un vídeo con la intención de ironizar sobre la ciudad. Pero el efecto ha sido una ola de indignación entre los vecinos. (Sí, nosotros también alucinamos con algunas decisiones de marketing.)

Desigual y la campaña que encendió las redes

La firma Desigual, en una colaboración con Ottolinger, es la responsable de este terremoto. Su vídeo promocional pretendía hablar de la gentrificación. Quería hacerlo con humor, mostrando una supuesta «cara B» de Barcelona.

Bajo el lema «Bienvenidos a Barcelona», el vídeo mostraba una modelo. Ella recorría algunos de los puntos más turísticos de la ciudad. Su narración ironizaba sobre diversas realidades barcelonesas. Pero la ironía no fue bien recibida. (Quizás era demasiado punzante para una herida abierta.)

La campaña se burlaba del tráfico, que calificaba de «salvaje». También de los locales y su amor incondicional por las palomas. Un momento particularmente sensible fue cuando una mujer, hablando en catalán, le pedía que dejara pasar. Se veía claramente como una broma más. (Un error grave de tacto, desde nuestro punto de vista.)

Pero la cosa no terminaba ahí. El vídeo incluía una secuencia donde la protagonista sufría un intento de robo de mochila. Y lo que se ha convertido en el símbolo definitivo de la campaña: pagaba 9,50 euros por un café con hielo. Este precio fue la gota que colmó el vaso.

La línea entre la ironía y la banalización es muy fina, especialmente cuando se trata de problemas reales que afectan al día a día de la gente. A veces, el silencio es oro, y el humor, un arma de doble filo.

La reacción viral: la alarma de los vecinos

La publicación del vídeo en Instagram se llenó al instante de cientos de comentarios. Los vecinos de Barcelona expresaron su profunda indignación. Denunciaron la peligrosidad de banalizar una situación tan compleja como la gentrificación. (Un sentimiento que compartimos con muchas de vosotras.)

Muchos usuarios pidieron la retirada inmediata de la campaña. Argumentaban que el anuncio estaba diseñado para atraer a los llamados «expats». Estos extranjeros con un alto poder adquisitivo son cada vez más numerosos en Barcelona. Estos «expats» son a menudo los clientes de marcas como Desigual. (Una verdad incómoda que ahora ha salido a la luz.)

La mayoría de las quejas insistían en el peligro de deshumanizar esta realidad. De transformar el sufrimiento de muchas familias en una broma. Esta campaña demostró el poder de la voz ciudadana en las redes. Cuando una marca pisa el callo, la respuesta es contundente.

La respuesta de Desigual: un intento de solución

Ante la avalancha imparable de críticas, Desigual tuvo que actuar. La marca decidió escribir un comentario en la misma publicación de Instagram. Este comentario, escrito en catalán, ofrecía explicaciones por la campaña. Era un movimiento estratégico para reconectar con el público local.

“Os estamos leyendo”, comenzaba el mensaje de la marca. «Barcelona es nuestra casa y vivimos el problema de la gentrificación y la turistificación de la ciudad. Usamos el humor para hablar, pero no era el lugar para la ironía. Lo hemos entendido”. Una confesión necesaria para su imagen. (Un paso en la buena dirección, a pesar del error inicial.)

Además de este mensaje en las redes, la firma emitió un comunicado en el diario El País. Reiteraron que su intención era hacer una campaña en clave de humor. Reconocieron abiertamente que no había sido la decisión más acertada. Una rectificación pública que muchos esperaban.

Recordaron sus orígenes. Desigual nació en Barcelona hace más de 40 años. Quisieron subrayar su profundo vínculo con la ciudad. Reafirmaron su compromiso de contribuir a la creatividad y la cultura local. Siempre desde el respeto máximo hacia Barcelona y su gente.

El debate continúa: la Barcelona que queremos

Esta campaña ha servido para poner de manifiesto una vez más la sensibilidad extrema de la gentrificación. No es un tema para bromas fáciles. Es una herida abierta que afecta nuestro tejido social. Muchos vecinos sienten que están siendo expulsados de su hogar. Su sufrimiento es muy real.

Barcelona se encuentra en una encrucijada crucial. Debemos decidir qué futuro queremos para nuestra ciudad. ¿Queremos una ciudad para los residentes o un parque temático para los turistas y los «expats»? Este incidente, por polémico que sea, nos obliga a reflexionar. Nos pone frente al espejo de nuestra identidad colectiva.

El poder de la comunidad es inmenso. Las redes sociales son una herramienta imparable para la crítica y la denuncia. Las marcas deben ser más cuidadosas que nunca. Su responsabilidad va más allá de la simple publicidad.

¿Quién tiene la solución definitiva para una ciudad que crece sin perder su alma? Es una pregunta que debemos hacernos constantemente. Y la respuesta quizás la encontremos en la unión y la voz colectiva de todas nosotras.

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