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Mart no deja de sorprender: su volcán más alto del sistema solar aún oculta actividad geológica interior

Marte, nuestro vecino rojo, siempre ha sido un misterio y un foco de fascinación. Durante años, lo imaginamos como un desierto frío e inmóvil, donde toda la vida geológica había muerto hace millones de años. Pero esta imagen idílica y tranquila podría ser un error. Lo que ahora sabemos, gracias a datos que nos llegan del espacio, es que oculta un secreto: el planeta sigue vibrando, vivo, bajo su superficie.

Y esta vitalidad no solo se manifiesta en pequeñas fisuras, sino que podría estar relacionada con el gigante geológico por excelencia del sistema solar.

Estamos hablando del Monte Olimpo, el volcán más alto que conocemos en todo nuestro vecindario cósmico. Esta montaña colosal se eleva unos 27 kilómetros sobre la superficie marciana, con una base que se extiende aproximadamente 600 kilómetros de diámetro (sí, nosotros también alucinamos con estas dimensiones tan desorbitadas). De hecho, sus pendientes son tan suaves y extensas que, desde la superficie, sería casi imposible percibirla como un pico convencional; es una estructura tan masiva que la curvatura del planeta ocultaría su vista completa. Durante mucho tiempo, la ciencia creyó que estos colosos volcánicos gigantes pertenecían exclusivamente a un pasado remoto, totalmente inerte.

¿Cómo se descubrió el secreto de Marte?

Las misiones espaciales han sido nuestros ojos y oídos en este descubrimiento definitivo, transformando por completo nuestra comprensión del planeta rojo. Sondas como la Mars Odyssey, la Mars Express y, sobre todo, la revolucionaria InSight, nos han enviado pistas que contradicen la idea de un Marte geológicamente muerto. Aunque nadie ha observado ninguna erupción moderna en Marte, hay signos innegables de una actividad geológica sorprendentemente reciente.

La misión InSight, que aterrizó en Elysium Planitia en 2018 con el objetivo primordial de estudiar el interior del planeta, fue clave. Durante su vida útil, detectó más de 1.300 martemotos, es decir, sismos marcianos, proporcionando una ventana sin precedentes a las entrañas del planeta. Una parte importante y de gran calidad de estos eventos sísmicos provenía de una región llamada Cerberus Fossae, que presenta claras evidencias de actividad tectónica y volcánica muy reciente. (Esto nos hace repensarlo todo, ¿eh?)

A diferencia de la Tierra, Marte no tiene tectónica de placas, por lo que sus movimientos sísmicos no se producen exactamente mediante los mismos mecanismos que los terremotos terrestres. Los martemotos, en este caso, pueden estar relacionados con fracturas y reajustes de la misma corteza, así como con procesos internos que tienen lugar en las profundidades del planeta. Algunos estudios, por si no fuera suficiente, han planteado la posibilidad de que bajo Elysium Planitia exista una «pluma mantélica», una columna de material caliente que asciende desde las profundidades hacia la base de la corteza marciana.

Estas investigaciones también han encontrado indicios compatibles con una fusión parcial de las rocas en el manto superior de esta región específica. Pero (atención, que es una distinción imprescindible) esto no significa que haya un enorme depósito de lava a punto de llegar a la superficie. La presencia de material parcialmente fundido no implica necesariamente que se produzca una erupción inmediata; se necesitan muchas otras condiciones, como suficiente presión, fracturas que permitan el ascenso del magma y una conexión efectiva entre el interior y la superficie.

Estos datos nos obligan a reescribir los libros de ciencia. Lo que creíamos saber de Marte, ahora debemos cuestionarlo completamente.

Más allá del monte Olimpo: ¿la clave de la vida?

Esta actividad volcánica pasada no es solo una anécdota cósmica, tiene una trascendencia inmensa para la historia del planeta. Tuvo un papel fundamental en la formación de la atmósfera marciana, liberando grandes cantidades de dióxido de carbono, vapor de agua y otros gases que podrían haber influido en las condiciones climáticas. Además, la colosal región volcánica de Tharsis, que alberga el Monte Olimpo, también pudo modificar la corteza y favorecer la aparición de fracturas y sistemas hidrotermales. Estos entornos, precisamente, resultan especialmente interesantes para la investigación astrobiológica.

En la Tierra, los sistemas volcánicos e hidrotermales pueden proporcionar condiciones muy favorables para determinados microorganismos, ofreciendo calor, nutrientes y protección. En Marte, sin embargo, la existencia de estos ambientes pasados no demuestra que haya habido vida, (no confundamos los deseos con la realidad) pero sí los convierte en lugares de interés definitivo para estudiar la habitabilidad pretérita del planeta. Nuestro conocimiento sobre estos lugares puede ser una solución para saber si alguna vez fue habitable, o si podría serlo en el futuro.

Marte: un corazón que aún late lentamente

Ahora bien, hay que ser muy precisos y evitar cualquier alarmismo innecesario. No se ha observado ninguna erupción del Monte Olimpo en tiempos modernos, ni existe una prueba directa de que actualmente haya una cámara magmática activa justo debajo de este volcán. Por tanto, afirmar que el Monte Olimpo «aún está activo» en el sentido de erupción sería un error y una exageración. La verdadera revelación de las investigaciones es que Marte, como planeta, no parece ser un mundo geológicamente muerto en absoluto, y que algunas regiones, especialmente Cerberus Fossae y Elysium Planitia, presentan señales compatibles con una actividad interna relativamente reciente. Este secreto se está desvelando ahora mismo ante nuestros ojos y nos obliga a cambiar nuestra visión.

El Monte Olimpo sigue siendo, en cualquier caso, el mejor símbolo de este pasado volcánico apoteósico. Con sus 27 kilómetros de altura y unos 600 kilómetros de diámetro, constituye una evidencia espectacular de la cantidad de calor y actividad volcánica que Marte fue capaz de mantener durante su historia. Pero lo que nos dicen los últimos datos es que el corazón de Marte, aunque late mucho más lentamente y sin erupciones visibles, no se ha detenido del todo. Hemos aprendido que, incluso en el silencio gélido del cosmos, hay sorpresas que redefinen nuestra comprensión de los mundos que nos rodean. Esta es la información imprescindible que necesitas para entender a nuestro vecino, ahora mismo, y sin más dilación, ya tienes la solución a uno de los grandes misterios del sistema solar. ¿Qué más nos podrá mostrar?

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