¿Imaginas entrar en una fosa prehistórica sellada durante 300,000 años y descubrir que todos los cuerpos pertenecen al mismo sexo? Esto es exactamente lo que ha desconcertado a la comunidad científica internacional.
Un equipo de investigadores acaba de publicar un hallazgo que redefine lo que sabemos sobre nuestros ancestros más enigmáticos. Sí, la realidad siempre supera la ficción de Hollywood y este caso es el ejemplo perfecto.
El misterio de los cromosomas ocultos en la cueva
El escenario del descubrimiento es el complejo de cuevas Rising Star, situado en Sudáfrica, un laberinto subterráneo a gran profundidad. De allí ya se habían extraído unos 1,500 fósiles, pero nadie esperaba el resultado del último análisis proteico.
Los expertos examinaron los restos de 20 individuos de la especie Homo naledi. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que 19 de ellos no tienen el cromosoma Y, y el último presenta una ausencia casi segura.
Esto significa que la cueva se convirtió en el lugar de descanso final de un grupo compuesto únicamente por hembras. La probabilidad matemática de que esto ocurra al azar es de un ridículo 0.0000954 %.
El grupo analizado incluye tanto a diez adultos como a diez jóvenes, entre los cuales hay un bebé. La ausencia de machos, incluso entre los niños que dependían de sus madres, rompe cualquier lógica evolutiva.

Una técnica revolucionaria oculta en los dientes
El origen de este cambio científico proviene del laboratorio de la Universidad de Copenhague y el prestigioso Instituto Max Planck. Ante la imposibilidad de recuperar ADN útil en climas cálidos, los científicos cambiaron de estrategia.
La clave reside en una proteína del esmalte dental llamada amelogenina. Esta sustancia varía su estructura molecular dependiendo de si procede de un cromosoma X o de un cromosoma Y.
El método de muestreo utilizado es tan limpio y seguro que los expertos aseguran que no es más invasivo que la técnica de un dentista actual. Este raspado promete cambiar las reglas del juego en la paleontología mundial.
Incluso un cráneo de grandes dimensiones llamado Neo, que originalmente habían identificado como un macho debido a su tamaño, ha resultado ser una hembra. La morfología nos había engañado a todos hasta ahora.
¿Cultura avanzada o un comportamiento ritual?
El hallazgo refuerza la teoría de que el Homo naledi poseía capacidades cognitivas avanzadas para su época. La separación de los cuerpos sugiere una distinción cultural por género después de la muerte.
Los cuerpos se depositaron en una cámara subterránea de muy difícil acceso a lo largo de un largo período de tiempo. Esto apoya la hipótesis de un uso simbólico del espacio, como ya hacía el Homo sapiens.
El equipo liderado por Lee Berger defiende que esta especie no humana enterraba a sus muertos intencionadamente. Además, hay indicios de que dominaban el fuego y hacían grabados en las paredes de la cueva.
Todo esto lo hacía una criatura con un cerebro del tamaño del de un chimpancé, un dato que pone la piel de gallina a los mismos investigadores. La biología clásica se encuentra ante un callejón sin salida.
El debate científico está totalmente abierto
Como es lógico, algunos investigadores independientes de la Universidad de Barcelona piden mucha cautela con las conclusiones. Existe la pequeña posibilidad de que el cromosoma Y se haya degradado más rápidamente con el tiempo.
Si se confirmara esta degradación de las proteínas, estaríamos ante falsos positivos generales. Aun así, los autores del estudio lo ven poco probable porque la técnica ha funcionado en fósiles más antiguos.
Otra opción es que el Homo naledi tuviera una estructura social similar a la de los gorilas, donde un solo macho convive con muchas hembras. En este caso, los machos simplemente morían lejos del grupo.
La falta de variación en los huesos de las manos de estos homínidos hace pensar que parecen fabricados por una máquina de estampar. Esta homogeneidad sugiere que la población vivió muy aislada en la región.
El impacto de la técnica en los fósiles históricos
Esta nueva tecnología aplicada al esmalte de los dientes no se quedará guardada en un cajón. Los paleontólogos ya planean aplicar el análisis de la amelogenina para resolver debates históricos de la ciencia.
El método se podría utilizar de manera inmediata para confirmar definitivamente el sexo de la célebre Lucy. También servirá para determinar la identidad real del cráneo del Australopithecus africanus conocido como Ples.
La ventana a la prehistoria se abre de par en par gracias a las proteínas antiguas. Entender cómo se dividían las tareas o cómo se apareaban nuestros antepasados ahora es una realidad mucho más cercana.
La investigación continúa en las profundidades de Rising Star mientras quedan docenas de esqueletos por excavar. Está claro que los machos debían existir para la supervivencia de la especie, la pregunta es dónde decidieron esconderlos.
¿Acabaremos descubriendo una cueva exclusiva para los hombres de la tribu?
