¿Imaginas un animal que convive con nosotros desde siempre, parte de nuestra cultura y gastronomía, que de repente se encuentra en una situación límite, casi al borde del colapso? No hablamos de una especie exótica lejana, sino de un habitante silencioso de nuestros ríos y humedales. Su supervivencia pende de un hilo y, lo que es más sorprendente, su dramático descenso es un secreto a voces que pocos conocen a fondo.
Los expertos llevan años alertando de una mortalidad crítica cada verano, un fenómeno que se agrava con la sequía extrema que padecemos. Pero, ¿qué pasa exactamente cuando el río pierde su corriente vital? Esta pregunta esconde una verdad incómoda y una urgencia que nos afecta a todos, mucho más de lo que pensamos. (Sí, nosotros también alucinamos con las cifras).
Hablamos de la anguila europea, un pez migratorio que en 2008 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasificó oficialmente como especie «en peligro crítico de extinción». Este es el nivel más alto de alerta antes de la desaparición total. Desde la década de 1970, su población ha caído más de un 90%, un dato que debería hacer saltar todas las alarmas. Esta no es una historia aislada; es un síntoma de la fragilidad de nuestros ecosistemas.
La supervivencia de la anguila es un termómetro de la salud de nuestros ríos. Si ellos sufren, nosotros también acabaremos notándolo, aunque sea de manera indirecta en nuestro entorno.
El silencioso exterminio de un símbolo valenciano
La Comunidad Valenciana es un claro ejemplo de esta crisis silenciosa. La anguila ha estado presente en ríos y humedales desde tiempos inmemoriales, formando parte esencial de la pesca tradicional y de su rica cultura fluvial. Pero, cada verano, la imagen de los ríos Canyoles y Albaida, dos de los principales cursos fluviales de la comarca de la Costera, se transforma en un escenario de muerte. La organización Acció Ecologista-Agró ha denunciado reiteradamente esta situación límite.
Los seguimientos sobre el terreno han revelado una serie de episodios de alta mortalidad que se repiten de manera alarmante. Cuando los ríos pierden continuidad, sus tramos se reducen a charcas aisladas y estancadas. Las anguilas quedan atrapadas en estos puntos, sin escapatoria, y mueren por la drástica falta de oxígeno y el aumento insoportable de la temperatura del agua. Es un final cruel y evitable para estas criaturas.
La solución a corto plazo que plantea Agró es clara e imprescindible: garantizar el mantenimiento de un caudal ecológico durante los meses más secos. Un flujo mínimo y constante evitaría que estos peces quedaran aislados en trampas sin salida. Esto no es solo una cuestión de conservación; es una muestra de nuestro compromiso con la sostenibilidad y la biodiversidad que nos rodea. No podemos permitir que la inacción continúe siendo una opción.
Más allá de la sequía: los enemigos ocultos
La sequía es, sin duda, un factor determinante en esta crisis, pero no es el único. Los investigadores señalan otros elementos que han contribuido a la reducción drástica de la población de anguilas durante las últimas décadas. La fragmentación de los ríos, causada por presas, azudes y otras infraestructuras hidráulicas, actúa como una barrera infranqueable que interrumpe su ciclo vital.
La anguila necesita desplazarse entre el río y el mar para completar su reproducción en el lejano mar de los Sargazos. Estas barreras fluviales bloquean su migración, impidiendo que muchos ejemplares lleguen a su destino, rompiendo una cadena vital. Además, la calidad del agua también juega un papel fundamental. El exceso de nutrientes procedentes de la agricultura provoca episodios de eutrofización en muchos sistemas fluviales y humedales valencianos. Las algas consumen el oxígeno, creando condiciones hostiles para la vida acuática.
Y no podemos olvidar la presión pesquera. La captura de angulas, las crías de la anguila, mantiene un alto valor económico. Este comercio alimenta tanto el mercado legal como el tráfico ilegal, especialmente hacia los mercados asiáticos, incrementando un problema ya de por sí complejo. Es un círculo vicioso donde cada factor se alimenta de los otros, poniendo a la especie contra las cuerdas de una manera definitiva.
El debate pendiente y un futuro incierto para todos
La situación legal de la anguila es una paradoja que genera frustración entre los defensores del medio ambiente. Técnicamente, la anguila todavía no figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Esta ausencia permite que su pesca continúe bajo regulación y con cupos específicos. Un error de coordinación que tiene consecuencias directas sobre la especie.
El Gobierno central ha intentado en varias ocasiones incluir la anguila en el catálogo, lo que obligaría a prohibir su pesca. Pero varias comunidades autónomas, incluida la valenciana, han rechazado esta medida argumentando un fuerte impacto económico y cultural en zonas donde la pesca de la anguila es una tradición arraigada. Esto pone de manifiesto un dilema complejo entre la protección de la biodiversidad y las actividades económicas locales.
La última reunión entre el Ministerio para la Transición Ecológica y las autonomías terminó con el acuerdo de crear un grupo de trabajo para elaborar un plan estratégico para la anguila y otras especies migratorias, como el salmón o el esturión. El debate sobre su protección legal queda, por ahora, pospuesto. Mientras tanto, la realidad de nuestros ríos sigue siendo una historia de urgencia que no puede esperar más.
Entender la compleja situación de la anguila es imprescindible para nuestra conciencia colectiva y para la salud de nuestros ecosistemas. Su lucha por la supervivencia es la nuestra. ¿Qué haremos con esta información que tenemos entre manos?
