Flores por todas partes. Las vemos cada día, forman parte de nuestro paisaje e incluso de nuestra historia. Son omnipresentes. Pero, ¿y si todo lo que creíamos saber sobre el origen de las plantas con flor fuera completamente erróneo? Un descubrimiento reciente podría reescribir millones de años de su historia evolutiva.
Durante décadas, la ciencia ha señalado el Cretácico como el gran momento de la expansión de estos organismos. Un período donde las angiospermas florecieron literalmente (y perdón por el juego de palabras). Ahora, un minúsculo fósil ha aparecido para ponerlo todo en duda. Estamos hablando de un cambio que mueve la cronología más de cien millones de años hacia el pasado. Un auténtico terremoto.
El intruso que ha generado todo este seísmo se llama Permocarpelloides shuozhouensis. No es un nombre fácil de recordar, pero su importancia es monumental. Y ya te aviso, su edad es lo que nos ha dejado boquiabiertos.
La revelación de un pasado oculto
Este fósil tan discreto ha sido encontrado en la Formación Shanxi, en el norte de China. Se remonta al Pérmico temprano, un período mucho antes de lo que esperábamos. ¿Cuál es su secreto? Tiene una antigüedad que nos transporta unos 295 millones de años atrás. (Sí, nosotros también hemos tenido que releer la cifra un par de veces).
Imagínate. Esto sitúa una característica clave de las flores mucho antes de los dinosaurios, en un mundo que apenas podemos concebir.
El equipo liderado por Xin Wang ha publicado sus sorprendentes resultados en Plant Biosystems. ¿Su interpretación? Las estructuras conservadas podrían ser carpelos o frutos que encerraban óvulos o semillas. Esta pequeña observación es lo que lo cambia todo. Si se confirma, reescribirá el origen de las flores que conocemos.
Anatomía de un hallazgo que lo cambia todo
El Permocarpelloides no impresiona por su tamaño. De hecho, es diminuto. Conserva tres estructuras alargadas, paralelas y bien definidas. Cada una mide entre 4,2 y 4,8 milímetros de largo, y aproximadamente 1,2-1,3 milímetros de ancho. Un verdadero objeto de colección para cualquier museo del mundo. Una joya escondida.
Pero la magia se encuentra en su interior. Aparecen varios cuerpos redondeados de diferentes tamaños. Los expertos los interpretan como óvulos o semillas en varias fases de desarrollo. Algunos, incluso, muestran una ornamentación exterior que recuerda una cubierta seminal. Lo que llamamos la capa protectora de la semilla.
Para ver más allá de lo visible, el equipo utilizó la microtomografía computarizada (micro-CT). Esta técnica permitió reconstruir tridimensionalmente el interior del fósil. Las imágenes lo revelaron sin rodeos. Los cuerpos internos aparecen encerrados dentro de estas tres estructuras. Y aquí es donde reside la clave de su poder.
La característica fundamental de las angiospermas es que sus óvulos están protegidos dentro de una estructura reproductora. Justamente lo que debería ser este Permocarpelloides. Esto no es ningún truco.
A diferencia de las gimnospermas como las coníferas, que tienen los óvulos ‘desnudos’, aquí hablamos de protección. Esto sugiere que estamos ante el fruto de una angiosperma. Una verdad sorprendente.
La controversia que nos apasiona
Esta propuesta es atrevida y los mismos investigadores saben que se adentran en uno de los debates más candentes de la paleobotánica. No se trata solo de una planta antigua con un aspecto curioso. La cuestión es demostrar qué eran realmente estas pequeñas estructuras. El mundo científico es apasionante, pero también escéptico (¡y con razón!).
De hecho, el propio artículo considera otras posibilidades, como coníferas u otros grupos de gimnospermas. Pero la combinación observada en el Permocarpelloides no se ajusta a ninguna de las alternativas conocidas. Este hallazgo no es aislado. Wang y su equipo ya habían cuestionado la aparición cretácica de las angiospermas con otros fósiles del Pérmico temprano, como el Taiyuanostachya, el Yuzhoua y el Dengfengfructus.
Si todas estas identificaciones resisten el escrutinio, la consecuencia sería mucho más impactante. Implicaría que hace 295 millones de años ya existía una cierta diversidad morfológica. Y por tanto, que el origen real de este grupo debería remontarse aún más atrás. Esto conecta con estimaciones de relojes moleculares y estudios sobre insectos fósiles, que ya apuntaban a una historia pre-cretácica de las plantas con flor. Todas las piezas comienzan a encajar en un rompecabezas antiguo.
El mundo no era como lo pensábamos
Esta pieza, de pocos milímetros, nos plantea una pregunta de dimensiones cósmicas. La historia de las plantas con flores que hemos estudiado durante décadas puede ser incompleta. ¿Esto significa que los libros de texto deberán actualizarse? Probablemente. Este fósil es una prueba sólida, con una anatomía concreta que se puede examinar y discutir con datos. Ya no hay dudas.
La historia no se escribe una vez para siempre, sino que se reescribe constantemente con cada nuevo descubrimiento. Y este es uno de los que hacen época. Con el Permocarpelloides shuozhouensis, hemos abierto una ventana a un pasado floral inimaginable. Un pasado donde las flores ya existían, desafiando todas nuestras expectativas. ¿Quién sabe cuántos secretos más esperan bajo tierra?


